[245] ¿EL OBSTACULO MAS GRANDE?... EL MIEDO
Felipe Díaz Garibay
Retomado del texto “Así es la vida según Gandhi”
Parte 3
Columna "Una voz en el silencio", semanario "Noticias Cuarto Poder" de Sahuayo, Michoacán, México, domingo 19 de junio de 2016.
No pocas veces he escuchado que el miedo es una respuesta natural ante el peligro; que es una sensación desagradable que atraviesa el cuerpo, la mente y el alma pero que es muy normal, natural, benéfica y hasta saludable.
De lo que sí no tengo la menor de las dudas es de que el miedo resulta muy desagradable, y digo así porque infinidad de veces en mi vida lo he padecido y creo que quienes ahora me leen también. Hay quien me dijo alguna vez que el miedo funciona como un método de supervivencia ya que pone en alartaa las personas y los animales frente a una amenaza; así, por ejemplo, una cebra que siendo miedo por los leones huirá apenas advierta la presencia de su depredador; algo similar hará un ser humano que, al escuchar disparos, se pone a resguardo por miedo a resultar herido o algo más.
Y aunque empiezo hablando del miedo desde un punto de vista general, tengo que dejar claro que, desde mi muy particular punto de vista y credo que de muchos más también, existen diversos tipos de él: miedo a los cambios, miedo a la oscuridad, miedo a los animales o ciertas especies, miedo a las tormentas y desde luego miedo al mismo miedo.
Consulté con un gran amigo neuropsiquiatra sobre la manera en que fisiológicamente el miedo afecta a nuestro cerebro y me ilustró de amplia manera sobre el tema. Me ha dicho que el cerebro está todo el tiempo escaneando a través de los sentidos todo lo que sucede alrededor de la persona, incluso cuando duerme. Si en algún momento detecta un peligro, se activa la amígdala cerebral que está situada en el lóbulo temporal, y se producen cambios físicos inmediatos que pueden favorecer el enfrentamiento, la parálisis o la huida.
Me dijo, también, que en nuestro cuerpo se incrementa el metabolismo celular, el corazón bombea sangre a gran velocidad para llevar hormonas a las células, especialmente adrenalina, que se aumenta la presión arterial, la glucosa en sangre, la actividad cerebral y la coagulación sanguínea, que se detiene el sistema inmunitario, al igual que toda función no esencial; entre otras cosas más se dilatan las pupilas para facilitar la admisión de luz, la sangre fluye a los músculos mayores, especialmente a las extremidades inferiores, que el sistema límbico fija su atención en el objeto amenazante y los lóbulos frontales que son encargados de cambiar la atención consciente de una cosa a otra se desactivan parcialmente; hay además taquicardia, sudoración, temblores. En fin, no me la puso fácil.
Pero entre todos esos miedos, yo quiero referir en esta ocasión el miedo a los cambios, al miedo a esa parte de nuestras vidas que nos impide no sólo avanzar sino, y lo peor de todo, ser nosotros mismos en la consecución de nuestras metas convirténdose, por ende, en el más grande de los obstáculos.
Debemos partir de la consideración de que el miedo y la inseguridad nos invaden a todos pero también debemos estar ciertos de que cuando logramos sobrepasar las dudas e inseguridades podemos experimentar la libertad para ser nosotros mismos y alcanzar nuestro máximo potencial como emprendedores en todos los órdenes. Lo más importante es entender que todas las personas pasan por estos sentimientos en algún punto de sus vidas, sin importar qué tan confiado y seguro en sí mismo parezca. Es una manera de diseñar el futuro, es esa manera de ver al mundo con la certeza de que en él nos aguardan sorpresas y éstas deben ser sopesadas de manera previa como escenarios posibles; ellos provocan dudas y, sin lugar a dudas, miedo también.
Frecuentemente he escuchado a amigos, personas en la calle, gente con la que hablo en el autobús, en el avión o en algún sitio en tanto espero un turno, que es muy grande su miedo a tomar tal o cual decisión, “…es que lo he intentado ya tantas veces y no me ha salido bien…”, “…es que siempre he entregado lo mejor de mí, y en mi trabajo jamás me valoraron y temo volver a insistir…”, “…siempre he amado tanto y me han pagado mal no quiero volver a saber de eso…”, es lo menos que he escuchado.
Pero yo siempre he tenido en mente que para ser una estrella debemos hacer brillar nuestra propia luz, y seguir nuestro propio camino y que tampoco debemos preocuparnos por la oscuridad, pues es allí donde más brillan las estrellas.
El temor a intentar lo nuevo, de entrar al umbral de lo desconocido, de eso que nos representa riesgo, a los nuevos paradigmas, siempre nos causa una sensación de desconfianza y de temor. Pasamos de largo que en nosotros duerme un líder potencial que es capaz de lograr cuanto en nuestra mente se genere y los decretos que sobre nuestros pensamientos hagamos habrán de convertirse, tarde que temprano en realidad. “Ya me ví” dicen por ahí en un reconocido comercial televisivo y, en efecto, hay que vernos muy a pesar de nuestros temores.
Los miedos incontrolados provocan infinidad de efectos y reacciones en nosotros mismos: Nos desconcentran y desvían nuestra energía y atención hacia cosas que no son importantes en un momento específico; convierten todo en algo muy personal enfrentándonos a nosotros con nosotros mismos viéndonos como nuestros peores enemigos; nos hacen más susceptibles y nos sensibilizan a tal punto que todo lo que hay a nuestro alrededor nos afecta; lo más grave de todo, la mayoría de miedos nos quitan seguridad y nos hacen cometer los más grandes errores de nuestra vida.
Sin lugar a dudas que los convulsos tiempos que vivimos no dan para más y es lógico que sintamos miedo por todo y de todo; ése es un factor que bien podría limitar cualquier sensación de desarrollo y superación pero debemos entender que hemos venido al mundo a ser felices muy a pesar de sus condiciones, que debemos verlo con calma y ojos serenos y estar ciertos de que nuestra misión de vida es caminar en nuestras existencias cambiando lo que podamos y debamos y lo que nos parezca imposible,
Los miedos, cualesquiera que éstos sean, nos limitan y alejan de la verdadera felicidad.
Sólo quiero decirles que cancelemos nuestros temores al futuro, a lo que programamos, a lo que deseamos, a lo que queremos alcanzar, veámonos en escenarios futuros con la certeza de que las cosas en nuestra vida son tan imposibles como imposibles nosotros mismos nos las hagamos. Vivamos sin ansiedad, pensemos siempre positivo muy a pesar de las adversidades.
Cambiemos nuestras actitudes y, con toda certeza, cambiaremos nuestra vida.
Hasta la próxima semana si la Gracia de Dios nos lo permite.
Les abrazo.♦
