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[235] ALIANZAS Y COALICIONES ELECTORALES, TEMA PARA PENSARSE

 

Felipe Díaz Garibay

 

Columna "Una voz en el silencio", semanario "Noticias Cuarto Poder" de Sahuayo, Michoacán, México, domingo 17 de enero de 2016.

 

 

 

En los últimos tiempos, en América Latina y desde luego en México, ha estado muy en boga el tema de la coalición de partidos, y resulta muy común que en países como el nuestro, por ejemplo, esas coaliciones ocurran entre partidos declarados  francamente de izquierda radical y o de derecha extrema. La unión equivalente entre el agua y el aceite dejando boquiabiertos a esa clase de militantes comprometidos de verdad con sus doctrinas y, desde luego, a la sociedad misma.

 

En México, las coaliciones han existido, principalmente, para quitar al PRI del poder político. Y como el PRI se definió, desde la década de los cincuenta, como un partido centralista, “ni de izquierda ni de derecha sino todo lo contrario” como dijera en su momento Luis Echeverría Alvarez lo que tiene su explicación gracias a la constitución ambigua que tenemos, fue explicable entonces la alianza de partidos de ideologías extremas, con el fin común de arrebatar el poder político a quien lo detentaba por casi un siglo y que había cerrado toda posibilidad de relevo aparte.

 

El Derecho Electoral Mexicano no ha tenido mayor problema para definir la forma de aplicación de las coaliciones sobe todo cuando éstas llevan a un reparto dizque equitativo de puestos de elección popular, que se pueden repartir como canicas o como unidades independientes que son las candidaturas a los cuerpos colegiados del poder legislativo: regidurías, diputaciones, senadurías o jefaturas delegacionales. Un verdadero circo por donde quiera vérsele.

 

Como todos lo hemos podido ver a través de las coaliciones partidistas se reparten los puestos de acuerdo a los resultados electorales de la elección de la misma categoría precedente en el tiempo pero, sobre todo, tomando en cuenta la proporción relativa de los resultados de votos por partido coaligado obtenidas en las elecciones previas del mismo nivel. Municipal,  Estatal o federal.

 

Pero es preciso aclarar que los objetivos cambian para cada coalición, como también para cada elección. Para una, el objetivo puede ser, derrotar a un partido que ha monopolizado el poder. Para otras, sumar fuerzas para llegar a un objetivo político que de otra forma nunca alcanzarían individualmente. Al menos en el discurso esas son las pretensiones aunque, al final de la función, queda claro que fueron otro tipo de intereses los que motivaron e hicieron posibles tales coaliciones.

 

Desde la ciudadanía, sin cultura política, se observa con cierta lógica la formación de estas coaliciones de izquierda con derechas, de centros con opciones indefinidas, del oportunismo con el descaro entonces.

 

Y es tan así que al interior de los objetivos de las coaliciones, más que el interés popular, son los puestos y cargos públicos, las posiciones políticas y administrativas las que están en juego entonces y éstas se reparten bajo vendetas muy en apego a las enseñanzas que aporta el sistema de libre mercado y dejan claro que si ese reparto no se da pues no tiene razón la coalición, ni se debe de volver a repetir nunca más, pues no trae ninguna ventaja política para quienes la pactan, arreglan y amarran.

 

Lo que sí queda más que claro, es que es tanta la injuria en que se mueven los intereses al interior de estos llamados “esfuerzos” por coaligarse políticamente que deja al descubierto los matices no de una alianza partidista, sino un complot de cúpulas de partidos aliados, para llevar a un hombre al poder, el que la única obligación que tendrá es dar a las clicas partidistas minoritarias, premios de consolación más o menos vistosos, como el que se les da, por ejemplo, a algunos afamados líderes partidistas para vender la imagen demagógica de que realmente al gobierno en turno le precedió una verdadera coalición política partidista, es decir grandes acuerdos, grandes logros, grandes causas.

 

En México tenemos que, por un lado, en la baraja de los partidos, hay los de izquierda que pregonan el socialismo como una forma de estado o la regeneración de éste.  Y los de derecha que defienden a rabiar los intereses de la libre empresa y ello repercute de manera definitiva a la hora de conformar las estructuras gubernamentales pues en ello se entrelazan visiones irreconciliables, puntos de vista altamente contrastantes, perfiles contrapuestos, fines total y absolutamente distintos, lo que viene a repercutir de manera irrefrenable en la ejecución de la tarea de gobierno.

 

Las coaliciones arrastran consigo fatales problemas de origen y más aún cuando éstas se realizan bajo un “arreglo” entre ideologías extremas. Al menos desde mi punto de vista no le veo éxito alguno a este tipo de ensayos políticos y menos aún en sociedades con tan escasa cultura política como lo es la nuestra.

 

Para quienes hablan a favor de las coaliciones partidistas resultará muy sencillo decir que éstas van en contra de los cacicazgos impuestos, de los que buscan consolidación y desde luego de los emergentes; lo triste del caso es que dentro de esos esfuerzos políticos va la carga de mecánicas dictatoriales que, desde luego, no quieren perder el control del poder político.

 

Yo he visto con toda claridad que donde se han implementado este tipo de ejercicios políticos no se ha visto, como consecuencia, que cambien los partidos como tampoco altera en lo más mínimo la forma de hacer política. Por el contrario, he podido observar que, justo ahí, resurja el autoritarismo y con ello que los “nuevos virreyes” gobiernan a su libre albedrío; son igual de corruptos, poderosos e impunes que en los momentos previos a las coaliciones.

 

Por el contrario, lejos de realizar tareas de gobiernos bien consensadas y en apego a los intereses ciudadanos, traen consigo el origen de verdaderos archipiélagos autoritarios, ajenos a la realidad y desprendidos del verdadero compromiso con la sociedad a la que un día le contaron historias fabulosas.

Partidos políticos, opciones independientes, coaliciones… ¡no hay opción!