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[230] LOS DEBATES POLITICOS... CREANSE

 

Felipe Díaz Garibay

 

Columna "Una voz en el silencio", semanario "Noticias Cuarto Poder" de Sahuayo, Michoacán, México, domingo 29 de noviembre de 2015.

 

 

 

No existe nada, en el marco de las tan multicitadas campañas políticas, que incremente tanto el morbo popular como lo es el tema de los también famosos debates. Y es que todo mundo espera, más que elegir por el mejor, ver la guerra de ataques que se desata en este tipo de eventos.

 

En mi vida pública he tenido el infortunio de no poder haber estado en ninguno, porque debo aclarar, y de seguro los en su momento patrocinadores me estarán leyendo ahora, jamás en los procesos que he participado se ha podido llevar a cabo ninguno.

 

En 1995 siendo candidato a la Presidencia Municipal de mi tierra natal resultó imposible se pudiera realizar uno en virtud de que la “autoridad electoral”, que no eran más que una sarta de mamarrachos (y de hecho no ha cambiado mucho la historia en este tenor), concluyeron que “no había condiciones”.

 

En 2004 siendo candidato a Diputado Local por el distrito jiquilpense, tampoco hubo ninguno en virtud de que la agenda de los candidatos opositores “era complicada”.

 

Llega el 2006 y a nivel regional fue imposible pues dos de los candidatos opositores más fuertes resolvieron que “acudiría un representante (imagínense nada más) a debatir conmigo; no se realizó y sólo pude asistir a un encuentro televisivo a la ciudad de Morelia, organizado por el canal oficial del gobierno del estado al que estuvieron convocados todos los candidatos, de todos los partidos y de todos los distritos también… se repitió la historia y sólo acudí yo al referido programa en el que por cierto la pasé muy bien pues los conductores y yo improvisamos un muy buen programa donde hablamos de todo, atendimos a todos y en lo personal pude hablar ampliamente de mis postulados y de la plataforma electoral del partido que, en ese momento, representaba.

 

En el 2015 las cosas tampoco fueron distintas.

 

A lo que voy con esta introducción es que, en lo personal, no creo mucho en ese asunto de los debates, como tampoco de las encuestas; ambos métodos de divulgación, promoción y presentación de candidaturas pues simplemente son como los bikinis… enseñan casi todo pero ocultan lo esencial.

 

Enseñan casi todo porque, bueno, en el caso de los debates los candidatos participantes muestran su mejor cara, algunos lloran en las tribunas, arriban al delirio en las propuestas o hacen gala de la sarta de intenciones que tienen por sustento flagrantes mentiras en su gran mayoría; el rostro real de la figura pública jamás se ofrece al conocimiento y la crítica pública a no ser por los antecedentes que aquélla –la figura pública- tenga y sean del conocimiento de la ciudadanía.

 

En el caso de las encuestas, pues tenemos la triste historia de que justo en tiempos de guerra electoral aparecen infinidad de empresas dedicadas a esa, debo admitir, sucia tarea, que presentarán siempre los mejores números a quien más pague. Y a mí que no me vengan con el cuento de la Caperucita o de la calabaza de Cenicienta convertida en hermoso carruaje real porque para el infortunio de muchos… conozco al monstruo en sus entrañas y lo conozco bien.

 

Para mí, ninguno de los dos, representan métodos que puedan ofrecer a la ciudadanía el conocimiento de las mal llamadas “mejores opciones” porque me he dado cuenta que en este terreno en México, al menos en lo que hasta ahora he visto, no hay  mucha tela de donde cortar.

 

Pero debo aclararles a todos mis lectores que ambos métodos, los debates y las encuestas, están muy dirigidos por otro tipo de intereses y son parte de todo un montaje que va directamente enfocado a favorecer a determinados apellidos y no precisamente porque sean loe mejores. ¡Ojo!

 

Estoy casi cierto de que, más de alguno, que en este momento me esté leyendo se rasgará las vestiduras, pondrá el grito en el cielo y hasta una mentada me dará pues le parecerá imposible que yo esté hablando de esta manera. Y les diré que no es todo y más aún explicaré de manera breve porqué razón no creo en los debates y porque ellos no son más que un mero montaje preparado para que los “favoritos”, y no precisamente del pueblo sino de quien mejor pague el voto, pueda lucir en todo su esplendor y “ganar” las conciencias ciudadanas.

 

Son alguien que a pesar de todo creo en la política porque la veo desde aristas y enfoques muy distintos a lo que comúnmente se hace con ella en esta región, en este estado, en este país y, debo admitir, que en infinidad del países del orbe donde la política se ha convertido en mero instrumento de prostitución de la vida pública y en los más bajos vuelos.

 

Los debates deberían de ser el medio ideal, más que para presentar a la ciudadanía a “los mejores”, para formar ciudadanía, para crear opinión, para preparar a la gente para los tiempos futuros; eso de estar en un escenario echándose hasta con la escoba de la casa, habiendo acabado con la cocina, en nada forja cultura política, en nada aporta a la tan maltratada ya sociedad mexicana sino que, por el contrario, sólo satisface el bajo morbo de un pueblo cuyas actitudes dejan bien claro que, de plano, se está perdiendo el rumbo.

 

Los debates son pues un montaje, a veces mal hecho, y digo esto porque he observado infinidad de ellos donde se les pregunta a los candidatos, algunos de los ungidos por ejemplo:  “… dígame usted señor candidato cuantos metros de manteca vegetal morada comprará usted para hacer unos calzones rojos a un elefante amarillo…” Y lo peor del caso es que… ¡el candidato elegido contesta!... ¡la gente emite vítores y alabanzas!... ¡la gente dice que fue el mejor posicionado porque no hizo más que recitar las respuestas que previamente le fueron entregadas porque pues es quien lleva la unción de los Dioses para ganar esa contienda y fue invitado a la confección de la metodología del debate, de las formas, los modos, de las preguntas y evidentemente recibió lo que al resto jamás se le daría y que son las repuestas a cada uno de los cuestionamientos.

 

A los debates acuden, previamente pactados, grupos de choque, gente del público que insulta, que gritonea, que no hace entonces más que ejecutar un guión telenovelezco que previamente le fue entregado; ya saben a quien golpear, a quien darle el favor de sus porras y reconocimientos públicos, sus aplausos, sus abrazos, etcétera, etcétera, etcétera.

 

Y de esta manera , al concluir el debate los brutos pueden ya tener claro quien será la próxima autoridad electa, sea del nivel que fuere y aquí entra una de mis máximas reflexiones que cito a cada momento y que a la letra versa que “…los malos gobiernos inician justo antes de empezar…”

 

Lo malo de todo es que suele suceder que a muchos de estos eventos no todos los candidatos son convocados y algunos de ellos casi se pretende realizar a puerta cerrada, entre unos pocos, más aún cuando se sabe que entre los relegados hay alguno o algunos que bien pueden echarles a perder la función de circo al soltar terribles fieras sin domador y en tiempos en que este tipo de animales están totalmente vetados ya para esta clase de espectáculos.

 

Los debates preferentemente pues se habrán de realizan entonces, como dice el francés… “en petit commite”.

 

Si ustedes han visto debates donde sólo se va a leer, porque en esta región he visto infinidad de ellos, donde no aparece ningún concepto de fondo, donde no se habla de formas y modos reales de resolver la problemática social, donde sólo escucharán los favores sexuales que ha recibido un determinado candidato, donde sólo conocerán las cifras de su patrimonio o donde sólo se ha visto una pasarela a la que acuden mamarrachos que buscan impresionar a sus contrincantes y al mismo pueblo, sinceramente mi queridos amigos han perdido ustedes su valioso tiempo y, déjenme decirles, que de continuar prestándose ustedes a esa clase da faramallas morirán eternamente engañados.

 

Me queda claro entonces que en materia política no hay tabla de donde cortar, la mecánica será la misma, la forma que es también es fondo seguirá siendo la misma, en nada se aportará a la formación de cultura política y seguirán llegando al poder individuos, hombres y mujeres, no tanto sin perfil o voluntad, sino sin verdadero corazón para defender las causas del pueblo y saber gobernar de manera cabal para él.

 

Hasta la próxima semana si la Gracia de Dios me lo permite. En tanto les dejo un muy pero muy fuerte abrazo.