[229] SOBRE LAS CANDIDATURAS INDEPENDIENTES
Parte 3 y última
Felipe Díaz Garibay
Columna "Una voz en el silencio", semanario "Noticias Cuarto Poder" de Sahuayo, Michoacán, México, domingo 22 de noviembre de 2015.
Hasta ahora he podido tratar el tema de las candidaturas independientes desde una postura muy personal y debo aclarar que no es que yo vaya en contra de ellas en tanto figura de elección, lo que critico es la actitud de quien o quienes a través de ellas buscan posicionamientos en aras de una ambición desmedida de poder olvidando valores y haciendo totalmente a un lado los altos preceptos que, en esencia, conlleva o presupone la política.
En sí, lo que debe criticarse, desde el ámbito de las candidaturas independientes, o del fenómeno político independentista, no es la figura de los partidos políticos, o sea, la estructura de las organizaciones partidistas en cuanto mecanismos de representación, sino la forma en que los partidos políticos han ejercido sus prerrogativas, en este caso en México.
Antes, el sistema electoral estaba diseñado para proteger al partido en el gobierno, porque siempre hubo competencia formal, aunque no equitativa, en los hechos. Sin embargo, a medida de que se dio la alternancia o la posibilidad de que nuevos grupos tomaran posiciones públicas, estos partidos también se incorporaron al proteccionismo electoral y a la par de introdujeron en caminos que los fueron alejando totalmente del sentido democrático a grado tal que tanto aquéllos como la misma democracia dejaron de decir algo a las grandes mayorías silenciosas.
Para nadie es desconocido, y no soy mago como algunos pretensos y menos aún quiero adivinar lo que está a los ojos de la opinión pública, de que hoy estos partidos no permiten que otros movimientos, que amenazan sus prerrogativas o sus posiciones de poder vengan y les quiten el pastel al que les ha costado infinidad de años lograr y acceder.
El poder es demasiado seductor y más aún las cuantiosas plusvalías que trae su ejercicio; tenemos así que, hoy en día hay partidos que se han convertido, en los tres niveles de gobierno en México, en verdaderos negocios de grupos y familias; la militancia sólo juega un papel acomodaticio que se mueve como una pelota de fútbol en una cancha en la que, al final del partido, es llevada totalmente fuera de escena y sólo los jugadores estrellas permanecen en ella para alardear de su triunfo; nadie más entonces tiene derecho s los vítores y los grandes besamanos, sólo aquéllos que se consideran a sí mismos los dueños del estadio, del sillerío, del boletaje, de las cervezas y de todo cuanto corre dentro de ese escenario.
Luego entonces, ¿no podemos completar el ciclo histórico: un ciudadano, un voto, votar y ser votado?
Esta es y será, entonces, una de las preguntas fundamentales: si un candidato independiente gana, ¿qué pasa después? ¿Hacia dónde tiene que dirigir sus pasos y en qué va a fundamentarlos?
La idea de ruptura del proteccionismo electoral que prevalece en favor del sistema de partidos, y me refiero al partido oficial como al resto de partidos de oposición registrados, nos hace ver la importancia del candidato independiente como persona. Y suscita la reflexión de esta figura política no en función de tener mayores alternativas o mayores opciones electorales, sino de generar, en todo caso, un mecanismo que permita el acceso responsable de dichos candidatos independientes en la vida electoral.
Vayamos a una de esas experiencias maravillosas producto del fenómeno de la tan afamada y multicitada encuestología, escenario donde hace ya algunos años el otrora Instituto Federal Electoral, por sus siglas IFE, apoyado por una reconocida institución de educación superior mexicana, arrojando interesantes resultados. Veámoslo.
Pregunta: ¿cuál de las siguientes razones es la principal para ir a votar? Es un derecho: 46%; una obligación, 24%; una forma de expresar descontento: 5%; una forma de apoyar a un partido político: 20%; no sabe o no contestó: 4%.
Pregunta: ¿qué es más importante al decidir cómo votar? El candidato: 53%; el partido: 28%; ambos: 12%; ninguno: 3%; no sabe o no contestó: 4%: mucho ojo, en esta pregunta se revela al alto nivel de la personalización de la política en México.
Pregunta: ¿cómo puede contribuir mejor un ciudadano a la solución de los problemas de México? Dentro de un partido: 70.9%; fuera de él: 18.7%; depende: 4.7%; no sabe o no contestó: 5.7%.
Pregunta: para resolver los problemas de las comunidades, ¿qué tanto sirve que la gente forme organizaciones independientes de los partidos? Mucho: 64.4%; poco: 22.2%; nada: 10.5%; no sabe o no contestó: 2.9%.
Pregunta: además de los partidos políticos, ¿deben participar o no otras organizaciones en la Cámara de Diputados? Sí: 41.7%, no: 43.4%; en parte: 2.2%; no sabe o no contestó: 8.6%.
Pregunta: ¿Qué cree que sea mejor para México? Aumentar su número: 9.4%; mantenerlo: 42.7%; disminuirlo: 43.5%; no sabe o no contestó: 4.4%.
Pregunta: en su opinión, ¿cuántos partidos deben existir en México? Uno: 4.6%, dos: 12.3%; tres: 24.2%; más de tres: 46.5%; no sabe o no contestó: 10.3%.
Pregunta: de una calificación de cero a diez, ¿qué tanto cree en lo que dice el IFE? 7.8%. ¿Los diputados? 5.8%. ¿El gobierno? 5.5.%. ¿Los partidos políticos? 5.3%. ¿Las organizaciones no partidistas de ciudadanos? 5.2%.
Otra pregunta: ¿participa o es miembro de un partido político o de una organización no partidaria de ciudadanos? Sí: 19%; no: 80%; no sabe o no contestó: 1%.
Las respuestas ciudadanas desenmascaran muchas variables de análisis que bien vale la pena tomar en consideración.
Primero, puede concluirse que es un falso supuesto el que la gente no aprecie a los partidos. Lo que no aprecia es la forma en que trabajan los partidos, pero sí considera que pueden ser un factor coadyuvante para la construcción democrática de un sistema que incida en el mejoramiento de su nivel de vida.
Segundo, habrá que tomar en consideración que cuando se hizo esta encuesta existían en México solamente seis partidos políticos registrados.
Tercero, la ciudadanía prefiere pocas opciones claras a una gran dispersión de partidos. Esto demuestra la evolución reciente de la ciudadanía de concentrar el voto en dos o tres opciones claras dentro del mapa político.
Y cuarto, queda sin embargo la inquietud ciudadana por preferir más de tres partidos.
Si se toma en cuenta lo anterior, es posible ver los retos a los que se enfrentan los candidatos independientes en la palestra política. Sea lo que fuere, éstos sí han logrado transformar el escenario político. Las formas en que se han modificado los procedimientos de selección de candidatos internos de los partidos es producto, entre otras cosas, de la efervescencia que han sabido crear con sus disidencias.
Sin embargo, prevalece la mascarada de la designación de candidatos. Por más que se alardee de grandes esfuerzos democráticos lo que acontece al interior de los partidos deja mucho que desear; se jura y perjura que se han dejado atrás los llamados “dedazos” pero la realidad es otra, trátese del partido que se trate.
El problema para los partidos estriba justo en el momento mismo de designar candidatos; lamentablemente nadie se cree ya el cuento de los llamados “procesos democráticos internos”, la vida interna de los partidos en México está altamente prostituida. No hay mucho que esperar ya de esa clase de ejercicios. Hay entonces todo un movimiento en torno a la designación de candidatos y es, sin duda, esa etapa la que provoca las grandes disidencias y donde ahora, sin duda también, habrán de emerger grandes inquietudes independientes.
No le veo defecto alguno a esta figura de elección… Sin embargo convencido estoy que el más grave de los problemas está en los perfiles que acceden o buscan acceder a ella.
Hasta la próxima si la Gracia de Dios nos lo permite.♦
