[224] ACERCA DE LA CULTURA POLITICA. LOS VACIOS Y LAS PRECISIONES
Felipe Díaz Garibay
Columna "Una voz en el silencio", semanario "Noticias Cuarto Poder" de Sahuayo, Michoacán, México, domingo 11 de octubre de 2015.
En el discurso político de hace ya algunos años se refería de manera reincidente un concepto, o mejor dicho dos términos sobre los cuáles no se tenía la mínima idea de su significado y menos aún de su real connotación: cultura política.
A principio de la década de los noventa, en el siglo inmediato pasado, se habló de la imperiosa necesidad de “hacer política, mucha política y más moderna”, pero lo claro fue que, de entrada, no se entendió lo que significaba hacer política en ese momento. EL mundo entero se encontraba en los albores del Siglo XXI en un punto de inflexión en el que bien pudieron haber surgido nuevas líneas de pensamiento o al menos unas que fueran capaces de retomar las más elementales aportaciones que han hecho los clásicos dentro del campo de estudio de la propia Ciencia Política.
En ese orden de ideas, en el entendimiento de esa llamada “nueva cultura política”, ni siquiera se partió de tener la más mínima mirada posible de los fenómenos, relaciones sociales, espacios y dinámicas que pueden ser considerados políticos y frente a los cuales los seres humanos adoptamos una postura o un comportamiento determinado a lo largo de nuestra existencia.
Y es justamente en esa parte donde de pronto sucede que quienes dicen entender los fenómenos políticos se desligan de algunas corrientes de estudio de la cultura política que dan más énfasis a una concepción de lo político como lo estatal o lo gubernamental y que finalmente vienen a constituir la esencia del tema, y tratan de conciliar posiciones con enfoques de carácter sociológico que nos arrastran a escenarios donde las personas construyen su cultura política a partir de sus meras relaciones sociales sin ir más allá, y me refiero en sus relaciones con el Estado y con un conjunto más amplio de actores políticos y no políticos de la sociedad.
Y es que el tema es complejo y no puede referirse a la ligera.
Para poder entender en su cabal connotación el concepto de “cultura política” es necesario partir de la consideración de cinco aspectos que, creo, vienen a constituir el núcleo central del fenómeno y encierran en su interior dinámicas y relaciones sociales, políticas, culturales y comunicacionales que contribuyen a la adopción de un comportamiento frente a la política, los políticos y los procesos sociales.
Es necesario establecer, hasta aquí, la existencia de ciertos hábitos que podrían derivar una categoría de una cultura política referente a acciones tangibles de la persona como informarse, participar, opinar, y unos comportamientos más reflexivos, internos, en los que adopta unos juicios, ideas y opiniones frente a fenómenos de distinta naturaleza de su cotidianeidad. Y son justamente cinco grandes categorías de análisis que desde mi propia visión son las únicas que pueden arrojar los elementos suficientes y necesarios para que podamos no solamente entender sino emitir un concepto de “cultura política” más amplio, más completo y más sustentado en el rigor que exigen las propias relaciones sociales de nuestros días: representación y participación política, hábitos de comunicación política, legitimidad Institucional, percepción sobre asuntos públicos e imaginarios y valores.
Visto de esa manera nos daremos cuenta de que no es tan simple, entonces, hablar de “cultura política” y menos aun cuando a esta se le asignan calificativos tendientes a hacerla aparecer como un proceso nuevo, moderno o adaptado a los tiempos que vivimos.
En cuanto al primer punto, el relativo a la representación y participación política, habré de decir que éste tiene que ver con los diversos procesos de representación y participación política que se presentan en el interior de la sociedad en donde los ciudadanos tienen una participación directa e indirecta, y sostiene el principio de que lo político se circunscribe al ámbito de lo público y recoge dimensiones institucionales formales y legales, sociales, comunitarias e incluso individuales. En este orden de ideas nos encontramos con varios aspectos que vienen a constituir objeto de análisis como lo son la participación o no en los procesos electorales para elegir autoridades, el nivel de conocimiento y participación en procesos electorales para aplicar mecanismos de participación ciudadana, la pertenencia a organizaciones y asociaciones de distinta naturaleza en defensa de un interés o una creencia particular, la participación en procesos sociales participativos no formales o no convencionales, la relación de los ciudadanos con los partidos políticos en términos de militancia activa, afiliación, simpatía o desencanto.
Los hábitos de comunicación política, la segunda dimensión de análisis del fenómeno de la “cultura política”, se enfocan sobre los procesos de construcción de significados y opiniones acerca de la realidad política; aquí es necesario poder conocer los medios y los espacios de socialización informativa que tienen los ciudadanos en el interior de un sistema y debo dejar claro que los hábitos de comunicación política son todas aquellas prácticas personales o colectivas mediante las cuales los ciudadanos adquieren información sobre los temas públicos, los espacios de discusión e interacción política y el uso que hacen de los medios y las tecnologías informativas en sus prácticas políticas.
Por su parte la legitimidad institucional, la tercera dimensión de análisis del fenómeno de la “cultura política” tiene que ver con la relación entre la ciudadanía y las instituciones que rigen la vida colectiva de una nación políticamente organizada. En esta dimensión son centrales conceptos como al legitimidad, la credibilidad, la confianza y la percepción sobre la gestión de las instituciones públicas que representan al estado en su relación con la ciudadanía. En ese orden de ideas, unas instituciones que sean legítimas, creíbles, confiables y eficientes tendrán un mayor margen de gobernabilidad y aceptación voluntaria de su autoridad por parte de los ciudadanos.
La percepción sobre asuntos públicos, por su parte, viene a ser ese nivel de construcción de patrones de comportamiento político sabiendo identificar los temas o asuntos públicos que nos permitan monitorear la estabilidad de dichos patrones o identificar transformaciones en los mismos. Es decir hacia dónde camina el comportamiento social partiendo de su propia percepción de esos temas coyunturales que vienen a ser el termómetro que mide la propia construcción de la opinión pública, lo que nos habrá de permitir calcular las trayectorias de la “cultura política” de una sociedad.
Por último, los imaginarios y valores, vienen a ser ese trasfondo que lleva consigo la “cultura política” de un país, es esa relación entre el ser y el deber ser de la política, los procesos políticos. Lo que pocos toman en cuenta en el diseño de un concepto de la “cultura política” es precisamente identificar las diferencias existentes entre lo que una persona considera es y debe ser el fin último de la política, los roles y valores de los líderes políticos y los valores que debe defender un sistema político.
Queda a la vista, entonces, que el tan multicitado tema en cuestión, el de la “cultura política” aclaro, no es la explicación de una idea vaga de lo que puede o debe ser la política emitida en los discursos oficiales o en cualquier pronunciamiento u ocurrencia de las llamadas “figuras públicas”, la razón de esencia del concepto va más allá y requiere de profundos y más serios análisis.
La tienen difícil entonces quienes se jactan de conocer a plenitud los oscuros pasillos de la política.
Nos vemos la próxima semana con la Gracia de Dios.♦
