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[211] LAS GRANDES PARADOJAS JUVENILES

 

Felipe Díaz Garibay

 

Columna "Ventanas al Pensamiento", semanario "Vox Populi" de Sahuayo, Michoacán, México, domingo 9 de noviembre de 2014.

 

 

 

Nunca como ahora había estado yo tan motivado a escribir una nota sobre la juventud, nunca como ahora que hasta a mí han acudido no pocos muchachos a solicitar apoyo a un humilde servidor para poder ingresar a algunos centros universitarios, y como a modo de acuerdo, de 7 sólo uno a una carrera distinta a la medicina. Me la pusieron difícil. Ya con antelación había conocido de casos de otros que habían estado solicitando el apoyo a algunas de las figuras públicas de esta región las cuáles les dijeron claramente “nada podemos hacer en ese tema”.

 

Y es que a un joven no se le pueden matar, así de tajo, las ilusiones. Al menos yo voy en contra de ello aunque, en cierta manera, quienes así respondieron están investidos de razón; en realidad el tema del acceso a ciertas carreras en casi todas las universidad públicas está prácticamente vetado para quienes acuden sólo con la bendición de Dios. Me queda claro que se necesitan de otro tipo de habilidades u otro tipo de contextos para ser de los agraciados que pasarán a ocupar las aulas universitarias y poder formarse en la tan solicitada, y tan negada a la vez, carrera de medicina por ejemplo.

 

Aun cuando se niega a diestra y siniestra y se jura y perjura, el uso del tráfico de influencia está más que evidenciado y no a muchos, y no precisamente a los mejores, se les concede tal gracia. Y la confusión y el desconsuelo que provocan a grandes ejércitos juveniles es verdaderamente alarmante, desalentadora, en un país que, como en el nuestro, las políticas pública encaminadas a la atención de la juventud son ahora prácticamente inexistentes a no ser en los programas de algunos de los llamados “partidos políticos” donde los jóvenes ni adquieren formación política y menos aún conciencia social, ahí sólo se les prepara para ser serviles a la llamada “onda grupera” que, como obvio es, responde a los mezquinos intereses de unos cuantos, sí, de las vacas sagradas, de los intocables, de los faraones, de los representantes del imperio del poder a quienes, por cierto, nada importa lo que pase en el futuro con ellos.

 

Y tal es el caso del aspirantado a la tan solicitada carrera de medicina donde la demanda alcanza límites inimaginables, y resulta que alumnos con promedio de 6 ahora son médicos y otros con nota de excelencia quedan abandonados a su suerte.

 

La gravedad del problema no está en quien entra o quien sale, o las formas en que la burrada ingresa y la dedicación y disciplina se margina, sino ¿en dónde están los médicos egresados? ¿Quiénes son? ¿A qué se dedican? Contrario a lo que pudiera pensarse, en México vivimos la fatal crisis de carencia de médicos y lo sostengo con la autoridad moral que me da el conocer infinidad de comunidades, sobre todo indígenas en la Meseta Purhépecha de Michoacán, donde no pocas mujeres han muerto durante el proceso de parto con el bebé en su vientre porque aun cuando tienen clínicas comunitarias, de esas que se construyen a diestra y siniestra para hacer notar que al gobierno le preocupa el tema de la salud, mismas que están en la total desolación, sin médicos, sin enfermeras y sin dotación de medicamentos, sin servicio alguno entonces.

 

Me queda claro, entonces, que esos famosos promedios de 6 que logran ingresar a las aulas universitarias a "formarse" van con otra intención, caso similar al de muchos abogados, carrera también muy demandada, en la que ejércitos de corruptos se dedican a medrar con la angustia, la necesidad y el dolor ajenos con el aval silencioso de la autoridad judicial; es lamentable que nuestro país siempre obtenga calificación reprobatoria dentro de los estándares internacionales relacionados con la impartición de justicia, la nota más alta ha sido de 3 y señalan dos estados como los peores: Jalisco y Michoacán.

 

Ir a las aulas universitarias con ideas torcidas no es lo que requiere un país como el nuestro, donde los mercenarios de todo clase, incluyendo los que mercan con la voluntad popular en los asuntos del voto por ejemplo, hacen lo que mejor les viene en gana, y como no va a ser así si en nuestro país pisotear la ley y la dignidad ajena es toda una costumbre y toda, también, una tradición.

 

Difícil es el reto que tienen las instituciones educativas de nivel medio básico y medio superior del país en el sentido de instrumentar novedosos programas de orientación vocacional que, primero, enseñen al alumnado a elegir de manera más certera su profesión y les aclaren el alto cometido que tienen frente a la sociedad, el compromiso no termina con ésta a la hora de culminar sus estudios y obtener el documento que avala sus estudios, ahí apenas empieza.

 

Siempre he dicho hasta el cansancio que en nuestro país, en México claro el "Jardín de las Delicias", no existe una política definida en torno a los jóvenes; hoy por hoy y en apego a una tendencia que se ha venido dando desde hace ya varios sexenios, el joven ha quedado marginado en toda la actividad gubernamental, amén de considerar entonces el discurso oficial donde se dice y se desdice, donde se habla de las grandes convocatorias a que los jóvenes “vivan su sueño”, cuando este sueño es sólo quimera que lo único que hace es ahondar más aún las desigualdades sociales pues ni son incluyentes, ni toman en cuenta los grandes talentos juveniles que en nuestro país existen.

 

Otros más, con el mayor de los atrevimientos, hablan de formar las nuevas generaciones pero yo les pregunto a esos aventureros: ¿formarlos en qué y para qué si México no es un país de oportunidades para las nuevas generaciones? ¿Para ser corruptos como sus "formadores"? ¿Para ser insensibles ante la realidad nacional? ¿Para servir de carnada en actividades ilícitas? ¿O se piensa en ellos para hacer de México un país con profunda visión prospectiva, con mayor equidad y mayor justicia social?

 

Hace unos días, un joven amigo de la Ciudad de México me llamó para contarme felizmente que en unos días más concluye su carrera y que están preparando su fiesta de graduación -de esas que muchos pudimos disfrutar en nuestra juventud-, pero me decía que ahora su mayor reto sería "...encontrar trabajo..." Sin duda alguna que mi joven amigo a cuyo padre conozco de toda la vida tuvo al menos la oportunidad de formarse, en cambio otros se quedan en el camino ante la ausencia de oportunidades.

 

Lo que sí me queda claro es que no hay interés por los jóvenes de México. Los programas gubernamentales enfocados a crear "jóvenes emprendedores" sólo Dios y en las oficinas de gobierno saben a dónde van a parar y a quienes en realidad benefician; otros, con mayor atrevimiento hablan de "modificar nuestra pirámide de edades", quizás con la intención de exterminar a los grupos juveniles para aligerar la carga al gobierno mexicano.

 

Convencido estoy que la juventud no solo en México sino en el mundo entero vive una paradoja insalvable.

 

Veo tristemente que atrás quedaron las ideas, atrás los principios, atrás la gana de hacer las cosas y hacerlas bien. Ojalá que el tiempo nos muestre una cara diferente.

 

Hasta la próxima si la Gracia de Dios me lo permite.