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[209] ¿QUE ES SER OPOSICION?

 

Felipe Díaz Garibay

 

Columna "Ventanas al Pensamiento", semanario "Vox Populi" de Sahuayo, Michoacán, México, domingo 26 de octubre de 2014.

 

 

 

Sin duda alguna que referir el tema de los partidos políticos invita, de manera exigible, a retomar el asunto de las oposiciones, el cuál casi siempre se ha mal entendido sobre todo en su ejercicio cabal y es así porque tal vez no se tome en cuenta que hablar de oposición es hablar de desarrollo de la democracia.

 

La lucha por la democracia ha sido a lo largo de la historia un ideal por el que la humanidad ha contendido permanentemente; en este combate han entrado todas las clases sociales (la historia de la humanidad es la lucha de clases) y, a ella han contribuido todas las corrientes filosóficas y el conocimiento humano que conforma la cultura universal.

 

El propio concepto de democracia de ahora, no es el mismo en las distintas épocas de la historia y mucho menos aquél que concebían los griegos; pero cualquiera que sea su manifestación responde a contenidos éticos, morales y procesos históricos que las sociedades han creado desde la aparición del hombre en la Tierra.

 

Puede decirse que la democracia se ha ido tejiendo a la manera de la figura retórica de Penélope, se desteje por las noches (oscurantismo de la humanidad) pero vuelve a tejerse desde el alba (cuando afloran las ideas libertarias) utilizando el hilo del avance y el desarrollo de la humanidad; es decir, se le ponen trabas en su desarrollo cuando ésta afecta intereses de grupo, pero resurge por consenso mayoritario de los pueblos a quienes no se les puede encadenar.

 

En este sentido, toda sociedad que proclama la democracia necesariamente tendrá que ir cambiando las estructuras e irlas adaptando a los distintos momentos históricos sobre todo en materia de relación entre gobernante y gobernados, pero ello hace necesario que no sólo un grupo o sector de la sociedad se crea el único destinado, por su particular filiación político-ideológica, a guiar a la sociedad en su conjunto.

 

En nuestros días, parece que olvidan que hablar de oposición es hablar también de la lucha de clases en el más estricto sentido del proceso.

 

Quienes entendemos del tema, por haber sido su estudio parte importante de nuestros procesos de formación universitaria, sabemos que  la lucha de clases es un combate por la hegemonía y no es un mero enfrentamiento directo de clase contra clase. De lo anterior podemos concluir que las revoluciones o transformaciones no son fenómenos que surgen de un día para otro, sino que responden a un proceso cuyo desarrollo se sitúa antes de que se conquiste el poder representado por el Estado.

 

De ahí que dentro de una democracia en una sociedad burguesa, el Estado no es un instrumento representativo de una sola expresión política o de una clase dominante, aun cuando así lo quieran ver los grupos dominantes y así se lo hagan entender a quienes representan. En esta misma concepción se encuentran todos los partidos políticos a quienes los hacen diferentes sus programas políticos y su práctica concreta, pero será totalmente equivocada la aseveración de que una determinada clase social constituye todo un partido político. Ni el Estado, ni los partidos políticos, pueden considerarse como únicos canales para acciones y expresiones políticas de las clases sociales, que son las que determinan en un momento dado tanto la contienda ideológica como los términos de la oposición política; los desacuerdos surgen por las discrepancias en el reparto del producto social.

 

Hay oposición que surge en el descontento y oposición con ideas contrarias a las manifestaciones de programas políticos pues no, indefectiblemente, se tiene que formar parte de un partido político para mantener un desacuerdo en la conducción de proyectos nacionales.

 

En el primer caso es así porque en todas las instituciones de la sociedad civil y política se encuentran diferentes clases sociales que debido a su práctica como tales mantienen una disputa ideológica tal y como lo vemos en todos los partidos políticos mexicanos sin excepción alguna y, en el segundo caso, se retoma el combate ideológico por la lucha que mantienen los grupos intelectuales que legitiman tanto el poder establecido, como aquéllos que se oponen en la medida de una reflexión que confronta la realidad; de esta manera se debe entender que diversas ideologías impregnan la sociedad civil, así como el Estado está conformado por diversas clases sociales donde también se mantienen divergencias ideológicas y doctrinarias, es normal.

 

Hablar de oposición en nuestros días es hablar de oposición generalmente institucionalizada en partidos políticos, lo que no significa que fuera de éstos no existan otros tipos de oposición no formal y que obedecen a expresiones del grueso de la población por relaciones cotidianas. Ello es común en nuestros días y en el caso de nuestro país… abunda.

 

Si todavía gran parte de la sociedad no se integra a una organización política formal, se debe a una falta de opciones políticas que llenen sus aspiraciones, o a una falta de conciencia política derivada de una carencia del quehacer político de los partidos existentes o de nuevos proyectos partidistas. Vale decir que los partidos y acciones oposicionistas no necesariamente introducen malestares generalizados en la sociedad civil; de alguna forma organizan lo que está disperso y su peso decisivo en la transformación de la sociedad es su capacidad de operar como unificador de la trama social, aunque cabe decir, también, que parece que ahora eso es lo que menos les importa.

 

Las sociedades que mantienen un equilibrio entre participación e institucionalización en niveles bajos (la famosa estabilidad sin problemas) llevan consigo el germen de futuras inestabilidades, tal condición puede ser contrarrestada en la medida en que se dé un desarrollo de las instituciones y se acelere el ritmo de la participación, si lo anterior no se lleva a cabo se vivirá una inestabilidad.

 

Si ser oposición presupone la existencia de desacuerdos, éstos deben ser sólidos, razonados y articulados de tal manera que constituyan concientización y no una fría y apática oposición que existe por el simple hecho de existir y tener un membrete para abusar, de él y con él, bajo su condición de tal.

 

La verdadera oposición debe existir en la mente del individuo sustentada en los principios, en las convicciones y en los grandes debates y no ser solamente moda pasajera o protagonismo estéril en las alternancias y transiciones. La verdadera oposición es también aprender a dar la batalla en todos los espacios necesarios, pero también aprender a hacer la guerra cuando el interés nacional lo requiere.

 

Hasta la próxima semana si la Gracia de Dios nos lo permite.