[170] LA CURIOSIDAD MATO AL GATO… LA SOBERBIA ACABA CON LOS PARTIDOS
Felipe Díaz Garibay
Semanario "Tribuna" de Sahuayo, Michoacán, México, domingo 16 de mayo de 2010.
Hace unos pocos días tuve la oportunidad de conversar con un amigo de esta región, como sahuayense ha sido alguien que ha sabido destacar en el ámbito de su labor empresarial, ahora dedicado a la producción tequilera, Don Marcos Villaseñor Gudiño es alguien que, encada uno de nuestros encuentros, breves por cierto, ha sabido dejarme inquietudes, y esta ocasión no fue la excepción.
Nos encontramos de manera providencial en un lugar que no lo esperaba y quizás si este encuentro hubiera sido programado tal vez no hubiera salido tan perfecto y digo que fue así, perfecto, porque pudimos intercambiar varios puntos de vista sobre temas que le son de particular interés y desde luego a mi también.
Compartimos un brevísimo desayuno y además de otros temas, hablamos de partidos y concluimos que, e efecto, en nuestros días la mayoría de ellos atraviesa por una crisis existencial que bien merece la atención del mundo político y, sobre todo, de quienes en ellos militan. Tristemente, aterrizamos en una reflexión que bien puede poner a pensar a no pocos y es el hecho de que razón importante de esa crisis, de ese decaimiento institucional que sufren los partidos se debe, fundamentalmente, a la innegable soberbia que ahora los ha hecho su presa y no precisamente a los partidos como tales, sino a sus mal llamadas “dirigencias”, si, a ellas a sus di-ri-gen-cias si es que se les puede llamar así.
La dirigencia de cualquier organización, sea política o social debe velar por su fortalecimiento, por su permanencia, por su performance como dijeran los argentinos, es decir su consolidación ante los ojos de la sociedad en que actúan y, sobre todo, entre las militancias que les dan forma, cuerpo y, desde luego, razón de esencia y existencia.
Pero la realidad nos dice lo contrario. Muchos partidos sufren las terribles embestidas de sus dirigencias, enmarcadas en actuaciones que lejos de lograr fortalecimiento, los hunden cada vez más en el marisma del descontento popular.
La gente, los ciudadanos, los que votan, los que deciden en las urnas, poco cree en ellos entonces y con justa razón.
Nadie puede negar que la actividad política sea una noble tarea o más bien un "noble y gran juego", que confirma la naturaleza social y política del hombre y contribuye a desarrollar su personalidad promocionando la convivencia a través de las estructuras pluralistas de los Estados contemporáneos.
La política se configura como una realidad necesaria, pese a sus aspectos menos gratos, dada la permanencia de conflictos en la convivencia social; si no se quiere resolverlos con métodos violentos hay que recurrir a los medios políticos y como es evidente que los conflictos y problemas no desaparecerán -y ello estriba en la profundidad de la naturaleza política que de por sí posee el humano-, la solución de unos puede plantear o dar origen a otros nuevos, con lo que siempre habrán de existir políticas concretas para resolver o atenuar tales conflictos.
Lo cierto de todo es que la política existe para solucionar conflictos, esos que irremediablemente ofrece la nada sencilla convivencia humana; se nos presenta como un medio ideal para hacer un tanto más llevaderas las relaciones al interior de los grupos sociales. No obstante, la realidad se manifiesta distinta. Los partidos políticos surgen de la necesidad de presentar opciones de participación política, como canales de expresión y desahogo de la intuición y naturaleza política del ser humano, y por ningún motivo deben convertirse en canales de represión, extorsión o disgregación social como, lamentablemente sucede en nuestros días.
Cada tipo histórico de Estado tiene sus grupos políticos, cada estructura de poder es engendrada y a la vez da origen a fuerzas políticas que prevalecen o procuran prevalecer. Engendran intereses que bien pueden ser puros, intereses de extractos o grupos prevalentes, intereses de clases o mixtos; por ello, la estructura sociológica de los grupos políticos es necesariamente diversa y varía de acuerdo con la estructura de poder por cuya influencia lucha de acuerdo con el sistema y la organización social, su estratificación y articulación y los intereses en pugna. De ahí que los partidos políticos como organizaciones activas orientadas a la captación, control y conservación del poder, formen parte de la estructura política real de una sociedad.
En su origen, son los intereses puros los que promueven y logran la participación espontánea al interior de los partidos políticos; los intereses nobles que buscan mejorar las condiciones de las grandes colectividades; las razones que dan vigor, fuerza y permanencia a las organizaciones partidistas mismas que, originalmente, marcan el ritmo interior de la democracia contemporánea, y representan a los grupos sociales organizando la voluntad popular mediante la expresión y clarificación de las ideas políticas, con el objeto fundamental de educar cívicamente a la ciudadanía, para hacer buen uso de una gran herramienta cívica que es el voto.
No hay duda de que cuanto más se identifica un partido político con los intereses comunitarios nacionales, más representa objetivamente la voluntad popular; pero, también, no hay duda de que cuanto más se aleja un partido de esos intereses, más crece también la inconformidad y esa voluntad ganada se hace apática o incrédula, y es justamente el momento en que más se interesa el partido político por mantener esa voluntad en sus aras mediante cualquier medio. No es lo mismo obtener la voluntad popular mediante el convencimiento real que obligarla a estar a base del manejo involuntario, valga decirlo; este es un fenómeno muy común en nuestros días y sobre todo en países u organizaciones sociales de baja o escasa cultura política.
Lo anterior se entiende de mejor manera cuando los partidos pasan no a mantener sino a manejar la voluntad popular, a manejar las conciencias cuando ven afectados o amenazados sus proyectos gracias al despertar social; cuando se desnudan los hilos negros de la jugada; cuando el pueblo pide respeto; cuando el ser humano pide lo que original y naturalmente le pertenece.
En este contexto, y en lo que respecta a los medios de acción de los partidos políticos para la consecución de sus objetivos, nada legítimos en este orden de ideas, lamentablemente no siempre se adecuan observando las normas legales que cada Estado de Derecho prescribe, adoptando en su lucha por alcanzar o mantener el poder formas tales como: la violencia, el dinero, el engaño, la propaganda mistificadora. Otras formas de acción y en este mismo sentido son la captación del sufragio por procedimientos de persuasión, convicción o técnica de sustitución del voto, pudiendo tener como finalidad, por último, la formación de una nueva dominación nacional e internacional o influir sobre las ya existentes pero, ante todo, el manejo de voluntades de forma incluso indiscriminada e intolerable.
Tema para rato, nos vemos la próxima semana. (Continuará).♦
