[164] LA FUERZA DE LA SOCIEDAD CIVIL
Parte I
Felipe Díaz Garibay
Semanario "Tribuna" de Sahuayo, Michoacán, México, domingo 11 de abril de 2010.
A efecto de poder entender el alcance de las organizaciones de la sociedad civil, es necesario precisar algunos detalles. Hoy como nunca, por doquier, se sabe de la integración de un sinnúmero de organizaciones sociales y no precisamente todas tienen objetivos nobles. Hasta aquí el tema tiene dos aristas fundamentales que bien debieran ser cuestionadas: ¿son la forma a través de la cuál la sociedad realmente puede intervenir en el diseño de las soluciones a sus problemas?, o bien ¿son solamente el escaparate que brindan los gobiernos para evadir su responsabilidad de atender a los problemas sociales?
Desde cualquier óptica o punto de vista, las organizaciones de la sociedad civil deben existir, es más son fundamentales para el sano desarrollo de las sociedades, pero deben tener un sentido, un fin y objetivos en extenso claros pues resulta lamentable que, hoy en día, por todos lados surjan proyectos de integración de organizaciones cuyos “comandantes en jefe” buscan resolver algún interés personal. Sé de historias.
Para los fines de la presente discusión, debo dejar claro que la sociedad civil es la suma de todas aquéllas organizaciones y redes que se ubican fuera del aparato estatal formal; incluye toda una gama de organizaciones tradicionalmente conocidas como “grupos de interés”, no sólo Organismos No Gubernamentales, sino también sindicatos, asociaciones profesionales, cámaras de comercio, religiones, grupos estudiantiles, sociedades culturales, clubes deportivos y grupos comunitarios informales. Como tal, abarca aquéllas organizaciones cuyos objetivos son diametralmente opuestos, como es el caso de grupos de cazadores y los defensores de los derechos de los animales.
Muchos expertos en teoría política han desarrollado el concepto de las organizaciones de la sociedad civil como uno paralelo al del propio Estado, pero separado de éste pues refiere al espacio donde los ciudadanos se reúnen de acuerdo a sus propios intereses y deseos; se trata entonces de un concepto mucho más amplio que las simples Organizaciones No Gubernamentales.
Como decía en líneas anteriores, las causas que persiguen los elementos de la sociedad civil no son necesariamente nobles ni se inclinan por el bien público; me queda perfectamente claro, porque lo he visto incluso en organizaciones que actúan como órganos de asesoría en ciertos grupos parlamentarios y que utilizan la bandera de la organización civil, fundaciones, asociaciones, etc., solamente como el antifaz con el que ocultan las verdaderas intenciones que se encaminan, desde luego, por la senda del lavado de dinero público, entiéndase utilización de recursos públicos para fines personales o de grupo.
Un buen número de grupos de la sociedad civil tiene el sólo objetivo de perseguir su causa particular, sin mostrar interés alguno en equilibrar sus aspiraciones para el bien público desde una visión más extensa; agotan su propio espacio de acción de manera premeditada para no comprometerse más allá del límite de su propio interés y utilizan una causa justa que en el ámbito del disfraz les permitirá realizar componendas, negocios, arreglos pues, con grupos en el poder, partidos, gobiernos, instituciones públicas, etc., etc., nuevamente les digo, sé de historias.
Innumerables analistas y estudiosos de la política hablan en los últimos años sobre el impacto que ejerce la participación de la sociedad civil sobre la calidad de la forma de gobierno; se atribuye, entonces, la fuerza de la democracia a la proliferación y solidez de los diferentes tipos de asociaciones civiles que persiguen objetivos podríamos decir que comunes y, en efecto, así lo deja claro un estudio reciente sobre la relación entre la participación cívica y gobernabilidad donde se indica que en aquéllas comunidades que se distinguen por una participación activa en los asuntos públicos, los ciudadanos esperan que su gobierno se apegue a normas elevadas y con la mejor voluntad obedecen las reglas que ellos mismos se han impuesto.
Y no podría ser de otra forma en tiempos donde los ciudadanos ya poco creen en partidos, en gobiernos y en las tan desgastadas instituciones. La gente quiere soluciones y prefiere darse a sí misma sus propias organizaciones y sus propios esquemas de solución.
Es justo ahí donde radica la importancia y, diría yo, la fuerza de las organizaciones de la sociedad civil.
Hoy en día la gente va con todo, sobre en todo en la exigencia de las cuentas claras a los gobiernos, aunque no sucede en todos lados desde luego, por ejemplo en México donde viejos esquemas continúan vigentes y han sido adoptados por quienes jamás se hubiera pensado lo harían, y pues parece que acá en la tierra de las mil maravillas, las cosas pasan inadvertidas, sin embargo es preciso aclarar que la mayor participación de la sociedad civil en la exigencia de cuentas al gobierno se refiere a las cuestiones más básicas del poder como la transparencia, la participación y la democracia.
Sin embargo, la ola creciente de este tipo de organizaciones va con todo en el planteamiento de esquemas de participación social verdaderamente novedosos y en cuanto a los objetivos que persiguen se inclinan mas sobre el tema de encontrar caminos de mayor equidad en las decisiones de gobierno aunque es necesario decir que el tema de la corrupción es uno que ahora toma lugar primordial en la mesa de discusión de las organizaciones de la sociedad civil.
En tanto, y por ahora, es necesario dejar claro que, en esencia, la sociedad civil obtiene su legitimidad del fomento del interés público y de ahí su preocupación por múltiples temas de verdadero alcance social. (Continuará).♦
