[160] ¿MENOS PLURIS?
Parte II y última
Felipe Díaz Garibay
Semanario "Tribuna" de Sahuayo, Michoacán, México, domingo 10 de enero de 2010.
Resulta claro que en un país como el nuestro, colmado de experiencias históricas que bien pudieron haber ya rumbos definidos, el hambre y la malnutrición no esperan. La enfermedad y el desamparo tampoco. Nuestros representantes no pueden darse el lujo de dilatar la toma de decisiones críticas para iniciar el proceso de recuperación de nuestro pueblo. Deberían estar dialogando las 24 horas del día si fuese necesario, hasta acordar las políticas a seguir y ponerlas en marcha de inmediato.
Pero no sucede así, son otras las agendas que se imponen y las soluciones de fondo nunca llegan.
Es preciso devolver el honor a muchas de nuestras instituciones; la irreverencia, la frivolidad, el histrionismo, el espectáculo, se han apoderado de los magnos recintos en que debería imperar la razón, la madurez, la política en el sentido estricto; en realidad parece que ahora se apuesta más a ver qué resultado darán las políticas acordadas una vez que se han roto los acuerdos; absurdo en todo sentido.
En política, es preciso respetar a nuestro pueblo pero más respetarnos a nosotros mismos.
En una democracia es normal que no se esté de acuerdo en el enfoque a tomar con cada política de Estado, pero en estos momentos es imperioso que nos concentremos en las coincidencias y dejemos de lado los desacuerdos para más adelante, cuando tengamos tiempo para discutirlos si es que tienen sentido. Ahora debemos enfocarnos en la búsqueda de una política apropiada para la emergencia que nos asfixia. Debemos romper este círculo vicioso de la eterna discusión sin resultados concretos, este sinfín de reuniones que no conducen a nada, ese malgasto de recursos que sólo se destinan para la exhibición personal y el protagonismo estéril o para la consecución de proyectos personales.
Tiene que haber puntos mínimos de coincidencia que podamos implementar sin más pérdida de tiempo. La gente no puede esperar más para ver qué pasa con su vida. Es irresponsable por parte de los dirigentes, y más de los legisladores, la falta de acción. Fomentar la debilidad de un gobierno en un momento de crisis como la que vivimos es, lisa y llanamente, la más burda traición a la Patria pues impide su progreso. Esos señores que están en las sombras -aunque algunos muy a la luz pública y son conocidos de todos-, entorpeciendo cada paso del gobierno, deben ser presentados al pueblo como lo que son: oportunistas y aprovechadores, la clase de gente que nuestro país no necesita para salir adelante. Vaya cosas, ahora resulta que también hay quienes propugnan con alarmante vehemencia "gobernar" desde el Congreso con menoscabo del equilibrio entre poderes; no cabe duda asistimos a una época donde México corre el riesgo de retornar a los esquemas absolutistas que tanto daño han hecho a las naciones del mundo.
Y ahí sobresale la figura de los famosos y multicitados diputados “pluris”, esos que, en su mayoría son designados por ser los “mejores cuates”, las “mejores amigas”, los más prestos a participar en los interminables rosarios de impunidad, los que van a garantizar en exclusiva los intereses de grupo, qué vergüenza para un país como el nuestro que se debate ahora en la búsqueda de definiciones, qué vergüenza para un país como México donde muchas de las leyes y reglamentos que emanan de los órganos legislativos son diseñados bajo esquemas que bien podrían ser incluidas en un manual para bandidos, diseñadas para perpetuar el dispendio y mantener un andamiaje de control político.
Muchos afanes y esquemas de discusión así lo demuestran, así lo dejan claro y ojalá salga alguien que me diga lo contrario.
Pero así están las cosas. En México basta con haber representado a un partido en una casilla durante una jornada electoral para ser diputado pluri, no falta más, ello es suficiente para dar el perfil con el que muchos enanos mentales buscan mejorar las cosas y lo peor de todo es que llegan, ¿a qué creen? Justo a coordinarlo todo, a ser los mandamás y desde luego a echar a perder las cosas. Una borrachera, la convivencia en una tocadita musical o en una cantina de quinta es suficiente para crear este tipo de liderazgos y obtener el perfil para llegar a ese tipo de curules. ¿Qué grave no?
Pero bueno, eso qué importa. En México todo es posible y más en los órganos legislativos donde desde luego la mayoría de los diputados no participan en las trapacerías pero sí llegan a tolerar que selectos grupos de pillos los enlode a todos convirtiendo los oficios en hábitos.
En esos medios todo es pecado. Hay que comportarse en ocasiones como un meca (robot) programado; a la luz pública queda perfectamente claro que muchos órganos legislativos se han convertido en paraísos de las mañas, de los privilegios, del secretismo, del patrimonialismo, de la discrecionalidad, del derroche, de la inequidad, de la corrupción y de la burla. Desde luego, son escenarios donde, con frecuencia, se pretende defender lo indefendible.
No hay intención de ordenar la casa, no, nada que ver.
Para muchos es mejor que las cosas no cambien, que continúen como están, así exactamente y sin modificar los guiones de la fatídica novela. Es mejor que el desempeño legislativo esté acotado y más que representantes populares muchos diputados, y sobre todo los “pluris” terminan por convertirse en voceros de intereses políticos, partidistas o fácticos, para ellos la moral no tiene un lugar en la vida parlamentaria y así arrastran siempre como recuerdo que en esos órganos de representación violar la Constitución no es delito, es tradición, que votar en contra de la línea es desafío político, decir la verdad es subversivo y ser honesto es todo un lujo.
No sucede con frecuencia que quienes son impuestos como “diputados pluris” estén preparados para la batalla legislativa; ni siquiera tienen la mínima preparación para llegar inmersos en los principales problemas del país y puedan impulsar y defender las propuestas de cada instituto político; amén de contar con el perfil suficiente al menos para ser capaces de generar los acuerdos con otras fuerzas políticas y lograr la aprobación de las reformas que necesita el país y no ser solo diputados "levantadedos"; desde luego concluyen sus “encargos” sin haber logrado que sus esfuerzos redunden en verdaderos logros para la tan sentida sociedad mexicana.
Por ello aplaudo la iniciativa presidencial que pretende reducir el número de este tipo de representantes; el esquema de la representación proporcional ya no dice nada a la democracia mexicana y menos todavía al principio de representatividad.
México espera resultados.
Estamos en una carrera contra el tiempo y es necesario que asumamos la responsabilidad que nos toca. Debemos actuar ya, sin dilación y sin titubeos. Debemos actuar aún si las decisiones que reclama la hora implican dar incluso la vida misma, ése es el verdadero amor a la patria, la verdadera justificación de nuestras existencias ante la historia y ante los ojos de nuestras propias conciencias.
¡El tiempo corre y la paciencia de un pueblo tiene límites!
El 2010 ha iniciado su carrera.♦
