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[159] ¿MENOS PLURIS?

 

Parte I

 

Felipe Díaz Garibay

 

Semanario "Tribuna" de Sahuayo, Michoacán, México, domingo 20 de diciembre de 2009.

 

 

 

En definitiva aplaudo la iniciativa del Presidente Felipe Calderón enviada recientemente al Senado de la República como Cámara de Origen, y que propone la disminución del número de los llamados “Diputados Pluris” o mejor dicho los electos por el Principio de Representación Proporcional mismo que, en nuestros días, poco dice ya a la democracia y sí mucho al pago de cuotas de poder, de caprichos de grupos y el ensalzamiento de nombre y apellidos oportunistas que, bajo una visión acomodaticia, buscan ese tipo de espacios para garantizar su vigencia en el medio político.

 

Nada más nefasto si se toma en consideración el estricto sentido, la esencia misma de este principio de representación.

 

Indudablemente, un eje ordenador para poder evaluar los regímenes políticos, es el grado de aproximación o distanciamiento entre ellos y el ideal democrático; es decir, éste último sirve como parámetro para juzgar el funcionamiento y la propia dinámica de las instituciones y las prácticas políticas reales. Y a muchos preocupa que la profunda interrogante de nuestros tiempos, en términos de sistemas electorales, sea concluir cuál es el mejor sistema electoral, es decir cual se ajusta mejor a los principios democráticos de soberanía popular y de representación política. Es mi caso.

 

La Representación Proporcional, en teoría aclaro, cumple una función muy específica: permitir que los grupos minoritarios se vean representados en los órganos legislativos y de gobierno.

 

Para el caso de México, en el Congreso de la Unión hasta hoy conviven 300 diputados electos bajo un sistema de mayoría en distritos uninominales, y 200 diputados electos bajo la fórmula de representación proporcional distribuidos en cinco grandes circunscripciones plurinominales en los que se elige a 40 diputados en cada una.

 

En los sistemas de mayoría sólo hay un triunfador que se lleva todo mientras que los otros competidores no obtienen nada. Este sistema lleva consigo una inequidad muy clara pues sólo recompensa a quien obtiene el primer lugar, dejando sin representación a quienes no votaron por el triunfador y que en ocasiones constituye una gran parte de los electores totales.

 

Incluso, quienes obtienen los triunfos no siempre llegan con la debida representatividad pues a su voto cautivo suman el que conquistan mediante la componenda y la compra de conciencias a un bajo costo; cincuenta, cien pesos o un poco más es suficiente en nuestros días para mercar con la voluntad ciudadana.

 

La Representación Proporcional tiene un cometido pues pudiera servir para eliminar las distorsiones que introducen los sistemas de mayoría. La Representación Proporcional pretende crear en las asambleas una imagen lo más fiel posible de las distintas corrientes de opinión e intereses presentes en una sociedad plural y heterogénea como lo es, por ejemplo, la mexicana. Sin embargo, los resultados políticos de los sistemas de Representación Proporcional no son fáciles de predecir debido a la multiplicidad de factores que actúan sobre ellos y que afectan su funcionamiento.

 

En nuestro país, fue el 30 de diciembre de 1977 cuando se promulgó la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales; la reforma electoral que promovía esta ley ofreció a los partidos de oposición nuevas oportunidades de participación e introdujo por primera vez el concepto de Representación Proporcional al Poder Legislativo.

 

Así empieza la historia de la Representación Proporcional en México donde a la par de la lucha por buscar que las minorías tengan posibilidad de representación, el procedimiento para la designación de este tipo de escaños ha incurrido en profundas contradicciones.

 

Unos partidos, las otorgan como dádivas a las grandes figuras como producto de pactos o regalías; otros más las asignan a individuos sin importar en sí la función que van a realizar dentro de los órganos de representación, el hecho es cubrir los espacios, verse representados aún cuando su presencia no tenga la menor relevancia. Se trata de pagar facturas políticas, de resarcir pecados, de calmar los ánimos, de dar una chamba, de exaltar a las "familias reales".

 

Reprobable en todo término.

 

La Representación Proporcional tiene una importancia trascendental y no es menos o más importante que la Mayoría Relativa; las funciones para quienes acceden por ambas vías a un órgano de representación son las mismas. De ahí que tanto unos como otros corran el enorme riesgo de fallar a su país.

 

Los tiempos que vivimos, requieren de una tarea legislativa tenaz, no es poco y menos simple lo que está pendiente. Tampoco es suficiente la gana de hacer las cosas; cuando no se tiene la visión, la aptitud y la voluntad, cualquier intención por patriótica que parezca recae en la triste figura de un sentimiento frustrado.

 

Es lamentable que en las últimas dos legislaturas no se haya decidido nada trascendente; que no se haya podido crear ningún tipo de consenso, excepto para dilatar la reformas y cambios estructurales que le hacen falta al país; mientras tanto, la situación de la población se sigue deteriorando cada día que pasa y sin acuerdos políticos. Fueron más las disensos que lo consensos; fue más la desunión que imperó en lo que, en nuestro país, se denomina el "Congreso de la Unión" que mas bien parece el “Congreso de la Des-Unión”

 

En la "Torre de Oro" como les ha dado en llamar a muchos al Palacio Legislativo de San Lázaro, han sido otros los intereses que se han dado cita en él; parece mentira que no puedan dejar de lado sus aspiraciones personales en pos de la búsqueda de una solución a esta crisis que nos aqueja y que empieza a tomar un carácter de monumental; es vergonzoso ver como se rompe la palabra empeñada; es insultante escuchar interminables discursos vacíos de contenido; es desesperante, sí, la falta de patriotismo de nuestra clase dirigente. Pero así están las cosas, que pena, pero de ello continuaremos hablando la próxima semana. (Continuará).