[154] A PROPOSITO DEL ENCUENTRO DE DOS MUNDOS
Parte I
Felipe Díaz Garibay
Semanario "Tribuna" de Sahuayo, Michoacán, México, domingo 1 de noviembre de 2009.
Pudiera parecer un tanto desfasada en tiempo la aparición de este artículo; indudablemente que me queda perfectamente claro que el tema del encuentro de dos mundos es uno del que se habla con motivo del multicitado “descubrimiento de América”, pero quise referirlo en esta ocasión en virtud de haber sido cuestionado recientemente sobre la intervención que tuve en el Encuentro de los Cuatro Pueblos Indígenas, realizado en la Plaza de la Huatapera en la ciudad de Uruapan el pasado domingo 11 de este mes de octubre.
Y lo refiero ahora porque, como seguramente muchos de mis lectores lo saben, el tema indigenista constituye una de mis pasiones además de haberme constituido definición vocación, causa personal y bandera de lucha que, vigente hasta hoy, me ha dado reciedumbre y me recuerda reiteradamente todo lo que aún queda pendiente en este México nuestro y, desde luego, me refiero al México de las grandes simulaciones, al México en el que no existe congruencia alguna entre lo dicho y lo hecho.
Historia y realidad se entrelazan para definir el sentir del que ahora escribe, con una profunda vocación indigenista producto de las propias circunstancias que forjaron mi destino y mi definición doctrinaria, paradigmática, conceptual, ideológica y de mi propia cosmovisión. Y no pudo haber sido de otra forma pues la realidad que tuve frente a mí siendo un adolescente así me lo exigía; conciencia de clase de sí y para sí me impuso esa realidad que tuve frente a mi hace 31 años, cuando me hice al andar por caminos y veredas de la Meseta Tarasca de mi Estado en busca de definir una vocación, de encontrar el camino, de definir mi destino y de cumplir con lo mío; y fue justo ahí, en esas tierras donde convergen la historia y la esencia de una magna cultura; ahí donde Hiripan, Hiquíngare y Tangaxoán fueron consecuentes con el legado de un gran Imperio; ahí donde Eréndira, “La Guerrera”, surcó las páginas de la historia michoacana rompiendo con las estructuras sociales y exaltando la existencia de un pueblo que se resistió por la conservación de la raíz cultural.
Aquí mismo empezó la enseñanza, una iniciación y un cumplimiento.
Es así que en esa etapa formativa se marcó mi destino trayendo conmigo desde entonces las miradas de sometimiento, desesperanza, explotación y resignación de mis hermanos herederos de la excelsa raza Purhépecha, ellas fueron suficientes para forjar no sólo una vocación, sino también una úlcera de inconformidad y una visión del mundo y de la propia vida; justo ahí, en el corazón de mi tierra, donde la humillación, la pobreza, la marginación, el abandono y la soez e intolerable burla de la historia han sido dolor callado.
Guáscaro, Tarecuato, Ichán, Urén, Zopoco, Huancito, Ahuiran, Pomocuarán, Sevina y Comachuén, por referir algunos, fueron suficientes para definir vocación, banderas de lucha y la consecución de un proyecto de vida que me llevó a las aulas universitarias, a un partido y al Congreso de la Unión.
Por ello ese Encuentro de los Cuatro Pueblos Indígenas del Estado de Michoacán que bajo el tema, altamente sugerente por cierto, “Los Pueblos Indígenas Frente al Encuentro de Dos Mundos”, que se realizó en Uruapan bien me hizo reflexionar sobre el pasado y el presente de los pueblos indígenas de nuestro Estado, de México y de América entera.
Un pasado que puede describirse, y entenderse también, como uno que ubica a nuestros pueblos hermanos, y me refiero a los originalmente americanos, conocidos con la general designación de indígenas, en una situación de confusión ante un encuentro de dos culturas que ha sido cuestionado época tras época y a raíz de su consecución, bajo la disyuntiva de considerarlo proceso de conquista o invasión sujeta a las condicionantes del actuar de los imperios.
Lo cierto es que, hoy, la circunstancia de los pueblos originalmente americanos, tiene un carácter muy específico pues abarca a grupos humanos con culturas y lenguas distintas pero, muy a pesar de algunas voluntades, ello no puede ser considerado como una variable independiente pues se encuentra muy ligada a la problemática social y económica del país. México debe ser entendido como un todo y sin la mutilación de ninguna de sus partes.
Preciso es introducirse en la problemática actual del Estado mexicano a través de la historia mediante un breve repaso de cómo se fue ordenando la realidad multicultural en México, siguiendo como criterios de análisis: el concepto que desde el poder se tenía de eso que hoy llamamos México pero que pasó por muchas etapas; las nociones de lo indígena que se fueron dando a lo largo de la historia; las respuestas jurídicas que se daban y, las políticas públicas que se organizaban en torno a lo indígena; la situación de marginación u opresión que vivían los pueblos indígenas a consecuencia de lo anterior; así como las respuestas de los mismos ante esta situación.
Es indudable que entender la situación de los pueblos indígenas en el México de hoy, debe pasar por el análisis de estas mismas perspectivas interesándonos el pasado en tanto que nos sirva para entender el presente; se trata, entonces, de una búsqueda para entender cómo se ha llegado a la situación actual y a partir de ahí tener más elementos para análisis integrales futuros.
De ello y más hablaremos la próxima semana. (Continuará).♦
