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[100] CRUZADA DISTRITAL POR LA DEMOCRACIA. NOTAS PARA UN HISTORIA INTEMPORAL

 

Felipe Díaz Garibay

 

Candidato del Partido Acción Nacional a Diputado Local por el IV Distrito Electoral del Estado de Michoacán, con cabecera en Jiquilpan

 

Parte I

 

Semanario “Tribuna de Sahuayo, Michoacán, México, domingo 19 de septiembre de 2004.

 

 

He querido iniciar una serie más, y no será una cualquiera, al menos no para mi. En esta ocasión compartiré con mis lectores las experiencias, mis nuevas impresiones, sobre lo que, en el trayecto de esta cruzada por la democracia, he iniciado hace apenas una semana en mi calidad de candidato del Partido Acción Nacional a Diputado Local por el, de por sí sui generis  IV Distrito. Ella será un tanto el análisis de mis impresiones sobre el comportamiento ciudadano en los ocho municipios que integran este Distrito cruzado con esa visión del mundo que profeso y que me ha obligado a pronunciarme por una idea de la política de cara al propio hombre, de cara a la justicia, de cara a la igualdad, a la libertad, de cara una línea de pensamiento que me convence que, hoy, la política en cualquiera de sus manifestaciones debe ya caminar por una vía más  humana capaz de llegar a la esencia del hombre y transformarlo, trayendo consigo a ese nuevo individuo… en efecto…. al hombre del nuevo siglo.

 

Esa es mi consigna, esa es la línea que me hizo definir la decisión de ser candidato, y ahora que lo soy, y que me apresto a vivir una de las experiencias más intensas de mi  vida, lo menos que puedo hacer es, a través del papel y la tinta, compartir con quienes se toman la molestia de leerme cada ocho días la apreciación del electorado que en dos meses más decidirá que le represente o no en el Congreso del Estado.

 

Reconozco que será un trabajo no sencillo, pero que me permitirá detallar la imagen que, paso a paso, domicilio a domicilio, estoy recogiendo en una etapa de la vida democrática de México que bien debe ser analizada desde el estricto rigor académico no sólo con detalle sino con una visión que aclare ciertos aspectos del comportamiento del pueblo mexicano al que, desde luego, pertenece la ciudadanía de esta región michoacana.

 

Mis primeras impresiones.

 

Llegado el momento de dar la cara por vez primera como candidato no pude menos que sentirme intensamente motivado; sabía que iniciaría, y precisamente en mi convulso pueblo una etapa más de esa cruzada por la democracia que representa, más que un simple proyecto de campaña, la consecución de una causa que he definido como razón de vida.

 

Aún cuando ya tenía clara la idea de lo que ahora son los ocho municipios de mi Distrito, y cómo los recibía para iniciar una campaña política, bastaron apenas unos días para confirmar que las cosas poco han cambiado; más de cuatro décadas de mi vida han transcurrido y no han sido suficientes para saber de que poco hemos evolucionado los mexicanos en cuanto a una idea clara de la democracia y del trabajo político. Apenas el año 2000 había representado un momento decisivo para el país pero a pesar de ello, el pueblo de México se debate en una confusión tal que le ha impedido ver la verdadera trascendencia de lo que en realidad sucedió aquél mes de julio del año 2000.

 

A una semana de trabajo, veo una sociedad en su mayoría desgastada, desencantada, desconfiada, apática pero lo más grave de todo resignada a seguir viviendo hundida bajo esquemas y convicciones que no tienen esencia alguna. No pocos han manifestado su desencanto hacia los partidos, hacia los candidatos y han expresado que de nada sirve el esfuerzo de manifestar su voluntad o sus inquietudes si éstas, por costumbre y línea tradicional, no son escuchadas. “Todo sigue igual” es una frase común, una expresión que se escucha en cada casa, y en cada comunidad.

 

La generalidad de la ciudadanía no solamente ya no cree en la política, tampoco confía en sus autoridades pero sigue ahí soplando a las cenizas del pasado.

 

El ciudadano sujeto a atavismos pasados.

 

Importantes sectores ciudadanos de este Distrito poca apreciación tienen del futuro. Para ellos es más importante la dádiva que les sea prometida durante los procesos electorales, sin importarles cuanto les dure; no saben que las regalías de que los hacen objeto los candidatos que juegan al Rey Mago les durará solamente unos cuantos días, quizás horas, pero la decisión que tomen en la urna puede representar años de castigo y de carencia de expectativas.

 

En el IV Distrito esto abunda. Los procesos electorales, las campañas para que mejor me entiendan, parecen ser el momento propicio para abusar de las carteras; al ciudadano poco le importa de donde procedan los recursos, solo sabe que cada año y medio (si consideramos la periodicidad de las elecciones federales y locales para el caso de nuestro Estado) tendrá la oportunidad de recibir una dádiva especial a cambio de su voto, no se da cuenta que los viejos esquemas de antaño siguen firmes, aún insertos en el actual régimen y que más allá del uso y abuso de los recursos públicos existe una corrupción que merma y diluye hoy al sistema político de México; corrupción que ellos mismos pregonan incansablemente y parece desconocen que ella es capaz de disminuir la lucha política y la noble acción de todo gobierno.

 

Estoy hablando, cierto, de la corrupción política, la que toca y trastoca las ideas y principios por los cuales lucha un partido, un verdadero partido político, el conglomerado que surge de una idea para alcanzar la cúspide del gobierno para darle forma a una nación y desde luego los candidatos que lo representan en determinadas luchas electorales.

 

Al hablar de esta clase corrupción, de esta perversión de los ideales políticos, necesariamente se tiene que mencionar a esa clase de gente que siempre está al acecho, en lo oscuro, para pasar siempre desapercibida y saltar siempre sobre el botín elegido; son algo así como mercenarios de la política que aparecen de un lado y otro, es decir del partido promotor y del público receptor.

 

Desde el primer ángulo tenemos a quienes están dispuestos a darlo todo con tal de lograr sus objetivos –que no son precisamente las causas ciudadanas- y así tener garantizado el manejo de sus negocios al amparo del poder político sirviendo a tantos y tan variados fines económicos y políticos; su calaña es tal que lo mismo les permite o ha permitido, servir al PRI, al PRD, o incluso ahora despachar cómodamente en las oficinas que ingenua o bondadosamente les ha ofrecido la Presidencia de México.

 

Del otro, a quienes no han cambiado en sus actitudes por ser víctimas de sus propias circunstancias, de su enfermedad, de su hambre y de su ignorancia y lo son también de quienes instrumentan mecanismos para el manejo de sus propias conciencias diseñadas en las coladeras, en los albañales del sistema político mexicano.

 

Los mercenarios están ahí, de un lado y otro, desde quienes aportan hasta quienes distribuyen la dádiva graciosa y quienes la reciben; los ciudadanos siguen sujetos a esquemas pasados, no han alcanzado a entender que a quienes eligen no siempre recuerdan su compromiso de servir a México.

 

Puedo decir que a una semana de iniciada esta cruzada democrática por mi Distrito, percibo aún grandes sectores ciudadanos dispuestos a seguirse bañando en las negras aguas de antaño y su precaria situación social les impide, desde cualquier perspectiva, dejar de seguir haciéndolo. (Continuará).